De toros y toreros - tauromaquia
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Tauromaquia: introducción

El Arte de torear está arraigado en España desde hace muchos siglos. Ya en las prehistóricas pinturas rupestres se pueden observar dibujos de toros. Desde estos primeros contactos con el toro, se fué desarrollando poco a poco el arte de torear, hasta llegar a lo que hoy en día conocemos como La Lidia del toro bravo, variedad bovina que evolucionándo desde razas de toros egipcios y uros europeos, han convertido al toro bravo español en una raza única y presente tan sólo en la Península Ibérica, sur de Francia y en Hispanoamérica.

La tauromaquia (del idioma griego ταῦρος, toro, y μάχεσθαι, luchar) en sentido amplio se refiere a todo lo relativo al toreo, la práctica de lidiar toros; siendo su expresión más elaborada la corrida de toros, una forma de espectáculo practicada en España, Portugal, sur de Francia, y en algunos países de América Latina como México, Colombia, Perú, Venezuela, y Ecuador.

Además de la corrida en sí, la tauromaquia incluye la crianza de los toros, la confección de la ropa del matador, la distinta denominación de los bovinos de acuerdo a su pelaje, comportamiento y porte, etcétera.

Es una parte de variable importancia en los países que lo practican, siendo considerado en varios de ellos, como España y México, parte integral de la cultura nacional, y considerado un acto de crueldad en otras partes del mundo.

Reseña etimológica

El tauroV (táuros) de los griegos es el que se convirtió en el taurus de los romanos y finalmente en nuestro toro. Y el compuesto macia (majía) nos habla de lucha (naumacia / naumajía es la batalla naval, con naves); sin olvidar que macaira (májaira), es el cuchillo, el puñal, la espada. La tauromaquia es pues la lucha del hombre contra el toro. Afortunadamente estamos ante una palabra muy bien formada, aunque no la crearon los griegos, pues estaban en otras relaciones con el toro, y no precisamente en la lucha. Mach / máje (como segundo elemento de palabra compuesta macia /májia) es la lucha cuerpo a cuerpo entre un hombre y un animal, dos animales entre sí o dos hombres entre sí. Y de eso se trata en la tauromaquia, de una lucha entre el hombre y el animal.

¿Pero por qué el toro y no el león, por ejemplo, que es el rey de los animales, la encarnación de la fuerza y de la astucia? Del mismo modo que el hombre ha sido capaz de domar al león, hubiese podido diseñar una lucha cuerpo a cuerpo contra él (ya lo hicieron los romanos, pero con otros planteamientos, con el objetivo de que el sacrificado fuese el hombre. ¿Por qué, pues, el toro? La respuesta es tan remota, que en ningún caso podemos estar seguros de ella; pero seguramente la clave está en la condición del toro de animal totémico en muchas culturas, animal divino por tanto, cuyo sacrificio estaba rigurosamente reglamentado.

El toro fue el animal sagrado, el dios por tanto, de la mayoría de pueblos del Oriente Medio desde hace bastantes milenios; probablemente más de los que nos informa la historia. Incluso del pueblo de Israel (el episodio de la adoración del becerro de oro, lo confirma). Yahvé mismo, antes de ser reconocido en su naturaleza totalmente espiritual, probablemente fue adorado en forma de toro. Se produjo en la humanidad una fascinación por el toro que sólo se explica suponiendo que éste representó realmente un beneficio extraordinario para el hombre. Y puesto que en algún momento tuvo que producirse la introducción de la especie bos (buey) en la civilización (quizás fue elemento determinante y desencadenante de ésta), es posible que ese momento esté marcado por la asunción por parte de la especie bos de unas funciones que hasta entonces le había correspondido cumplir al propio hombre.

Es posible que desde el punto de vista práctico elevado luego a la categoría de religioso, se viese al toro como salvador del hombre y se le rindiese el culto que a esa condición correspondía. En las imágenes de hombres junto a toros que nos ha legado la más remota antigüedad desde Oriente hasta España, no veo ni caza ni juego, sino rito alambicado en el que compiten hombre y toro, como en las luchas que se celebraban en los juegos fúnebres. Podían ser juegos, pero eran rituales. El caso es que se tiene noticia de distintas formas de lidiar o correr toros en España desde hace 1000 años. Dicen los amantes del toreo que es algo peculiar de España, que ya Julio César se ejercitó aquí como picador de toros. El caso es que los papas lucharon con sus bulas contra la agitatio taurorum, contra las corridas de toros, y no hubo manera.